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Una pregunta poderosa para el despertar del autoconocimiento es: ¿quién soy? Para muchos, esta pregunta tan corta, puede llegar a despertar grandes confusiones, y el hacer consciencia de que muchas veces no tenemos muy clara la respuesta.

Darse cuenta de que caracterizar lo que somos no es algo que logramos verbalizar tan fácilmente puede desembocar la sensación de confusión, frustración y para otros la temible vergüenza. Además de que cualquiera puede cuestionarse acerca de lo que ha hecho con su vida al contemplar que tiene que pensar en quién es.

Otros, son capaces de responder automáticamente esta pregunta con su nombre, su profesión, sus títulos o cualquier definición de ¨ser alguien en la vida¨ que haya aprendido durante su vida y por parte de sus cuidadores, convirtiendo su título, por ejemplo, en el único significado de ¨ ser alguien¨. Consiguiendo así, el desarrollo de una limitación acerca de lo que podemos llegar a ser, e incluso, anulando la esencia de lo que somos y el propósito para el que nacimos.

Y es que si lo pensamos con detenimiento, ya con el solo hecho de nacer, somos alguien, existimos, fuimos procreados, llegamos al mundo la mayoría con un gran grito para hacernos sentir escuchados, vivos y hacer presencia en la existencia, así que es totalmente absurdo pensar que un papel me dice quién soy, aunque papá y mamá necesiten cierto papeleo y documentación para sustentar quienes somos al nacer y hasta para trasladarnos.

Si todos nos imaginamos por un instante ese quién soy, más allá de cualquier logro, encontraríamos el tesoro del YO SOY, dejando a un lado y silenciando el YO CREO por un momento. Valorar la esencia de lo que somos, nos brinda una mirada más hermosa de nuestra alma, esa entidad espiritual que nos define, que sabe siempre lo que quiere y hacia donde tiene y quiere ir, sin embargo, al dejar de escucharla, apartarla y empezar a mirar a los lados, escuchando las expectativas de otros, buscando aprobación externa, mendigar amor, entre otros, la voz de nuestra esencia se hace cada vez más lejana, colocando una nube que nos opaca el corazón.

Y a medida que pasan el tiempo y los años, lo que somos no tiene una definición alegre, automática y concisa que nos haga sentirnos seguros de comunicar, que nos llene el alma de vida, de sueños, de brillo en nuestra mirada, porque lamentablemente, cuando nos alejamos de lo que somos, solo nos encontramos con un malestar enorme, que se asemeja a la traición, decepción, impotencia, inseguridad, enfado, dolor y hasta la sensación de estancamiento e incapacidad de lograr un cambio toca nuestra puerta, es, sin lugar a dudas, fallarnos a nosotros mismos, dejar de escucharnos y engavetar nuestra dignidad.

¨Hoy elijo volver a mí¨, es el primer paso para rescatarnos, reconociendo que todos tenemos la posibilidad de elegir y todo lo que sucede en nuestra vida es consciente o inconscientemente recreado y atraído por nosotros, desde las riquezas y las carencias de recursos emocionales, y, aun así, tenemos la alternativa de renovar ese camino. Entendiendo que controlamos lo que somos, decimos y hacemos, somos responsables de lo que somos y en quienes nos convertimos, mas no habrá un manifiesto de cambio, si lo dejamos en manos de otros. 

Entonces, ¿Quiénes somos?…

…somos el aire que respiramos, la sonrisa que se dibuja en nuestro rostro cuando superamos una enfermedad, el suspiro que emitimos al mirarnos al espejo, el café por las mañanas que olemos esperanzados de que tendremos un gran día y la caricia del viento que permitimos que nos oxigene la existencia. Somos, más de lo que imaginamos, porque nuestra alma sabe escucharnos, lo valioso se encuentra en el desafío de escucharla a ella y mantenernos cerca para escuchar el susurro convertido en bálsamo de bienestar para nuestro YO SOY.

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